Por la selva de la isla de Cát Bà

En la entrada anterior os describí cómo llegué a la isla de Cát Bà y cómo navegué en barco hasta la bahía de Ha Long. Hoy me gustaría desvelaros también la belleza de la isla en sí, porque desde luego merece la pena quedarse aquí un día más y recorrer también el interior. Y es que aquí se encuentra la selva tropical del Cát Bà National Park. Esta se extiende sobre una superficie de unos 30 kilómetros cuadrados y está surcada por formaciones calizas similares a las de la bahía de Ha Long.

Concerté una excursión con guía. Lo ideal, si os encontráis en esta situación, sería que fuera solo con vosotros. Pero lo más probable es que tengáis que ir con un grupo pequeño. Nosotros íbamos cuatro turistas; por desgracia, la mitad era una pareja rusa que realmente no estaba preparada para el camino, bastante poco transitable, por la selva. Al cabo de unos kilómetros pensé que tendríamos que dejarlos en algún sitio a merced de las fieras. Debido a su lentitud no llegamos al mirador situado en el punto más alto del camino, porque el guía juzgó que allí ya tendría que llevarlos a la espalda.

Poco a poco atravesábamos una selva más o menos densa, observábamos lagartijas, arañas y evitábamos los lugares con sanguijuelas. De vez en cuando se oía o pasaba fugazmente algún mono. Personalmente esperaba ver más animales en la selva. Pensaba que los monos nos acompañarían por el camino o que veríamos algún animal más grande. Pero estos están escondidos más adentro de la espesura de la selva y rehúyen a las personas. Tampoco cabe esperar a cada momento una hermosa vista, porque estáis siempre entre árboles altos.

Aproximadamente a mitad de camino llegamos a unas ciénagas que en esta época estaban bastante secas, pero aun así el lugar tenía una atmósfera impresionante. Raíces salvajes, árboles secos, charcas poco profundas… En total recorrimos por la selva unos 7 kilómetros y salimos hacia una diminuta aldea donde teníamos concertada la comida. Pasábamos entre pequeñas parcelas donde los lugareños luchan con la exuberante naturaleza por un trozo de espacio y donde, de forma tradicional y con ayuda de búfalos de agua, cultivan arroz y algo de verdura.

En las condiciones absolutamente humildes de una minúscula construcción de madera, la ama de casa local nos preparó una comida modesta pero sabrosa, y nosotros descansamos un poco antes del tramo final del camino. Este ya conducía por un sendero fuera de la selva y descendía en dirección al mar. Allí vino a buscarnos un lugareño con una pequeña barca, con la que primero nos llevó a una diminuta playa junto a una de las formaciones rocosas y, tras un rato de contemplación y fotografías, partimos de vuelta a Cát Bà bordeando las fotogénicas rocas y los pueblos flotantes.

Consejo 1: Llevad para el viaje calzado resistente y calcetines altos, porque por el camino a veces incordian las sanguijuelas, que se os enganchan en los tobillos.

Consejo 2: Concertad un guía solo para vosotros, para que no os retrasen turistas más lentos.