UN IGLÚ DE PIEDRA EN LA CIMA DE LAS MONTAÑAS

El archipiélago de Madeira suele calificarse como la isla de la eterna primavera. Y debo darle toda la razón a esta afirmación. Siempre hay algo floreciendo y, si te imaginas ese hermoso tiempo primaveral en que las temperaturas ya superan los 20 grados Celsius, ese es exactamente el tiempo que encontrarás durante todo el año en Madeira. Este archipiélago pertenece a Portugal y lo encontrarás a unos 500 km al oeste de Marruecos. Viven aquí solo unos 270 mil habitantes y la isla es un destino muy demandado por los turistas europeos. No solo por su clima apacible, sino también porque es un lugar estupendo para el senderismo.

En Madeira hay construido un sistema de riego único, las llamadas levadas. En total hay en la isla unos increíbles 2000 kilómetros de ellas (de los cuales 40 km en túneles) y sirven para el riego de toda la isla. Pero ¿por qué escribo aquí sobre algún tipo de riego? A lo largo de la mayoría de las levadas discurren caminos o directamente senderos turísticos y así se convierten en herramientas perfectas para conducir el agua, pero también a los turistas que exploran la isla. Una ventaja importante es también que discurren en curva de nivel y por eso, si te aventuras por algún "sendero de levada", tienes prácticamente la certeza de que no irás cuesta arriba y cuesta abajo, sino tranquilamente en curva de nivel, y solo te deleitarás viendo cómo la levada se hunde bordeando la colina a izquierda o a derecha y te abre una y otra vez increíbles vistas de la isla.

Pero dejemos las levadas, porque seguramente te siguen interesando la fotografía inicial y el título del artículo. Cuando ya te canses de la poco exigente caminata al pie de las colinas y hayas disfrutado a manos llenas de las vistas al mar, puedes aventurarte hacia las cimas más altas de la isla, donde se encuentra el Pico Ruivo, o sea, el Pico Rojo. Esta montaña de 1862 metros de altura es la montaña más alta de la isla y la tercera más alta de Portugal. Por los puntos más altos de Madeira discurre un camino de montaña que ya es bastante exigente y en el que te espera, en total, un desnivel considerable.

Yo tuve la mala suerte de visitar Madeira justo después de los grandes incendios y por eso este sendero estuvo cerrado durante un tiempo, de modo que solo pude recorrer una parte de él. Pero volvamos al misterioso iglú. Te fijas en él si llegas en coche al inicio de esta ruta de montaña. Y es que está cerca del aparcamiento y muchos turistas vienen aquí solo a otear desde las alturas y vuelven a bajar. El iglú en sí es tremendamente fotogénico y, en las cimas de las montañas, destaca como un emblema estrafalario.

No es, sin embargo, solo la obra de algún arquitecto chiflado o de algún excéntrico local. El significado de esta construcción es totalmente práctico. Y es que en el interior del iglú encuentras un enorme foso que, en la época en que en la isla nadie tenía todavía nevera, servía para conservar el hielo. Siempre en invierno, cuando refrescaba lo suficiente para que en las cimas de las montañas nevara o al menos hiciera tanto frío que por la noche helara, los lugareños llenaban esta construcción con la mayor cantidad de hielo posible. Después, la gente rica y los comerciantes compraban de este "congelador de Madeira" bloques de hielo que les mantenían frescos los alimentos en sus sótanos, en las partes más bajas y cálidas de la isla.

Consejo 1: Toda la región montañosa es estupenda para tomas time-lapse. No te olvides, pues, del equipo necesario para poder hacer alguna.

Consejo 2:

Por la isla se puede circular con bastante comodidad y facilidad en coche, porque está entrelazada por una red de túneles. Recomiendo, pues, alquilar uno directamente en el aeropuerto.