EL MÁGICO VALLE DEL RÍO DUERO
Que en el valle del río Duero se cultiva la uva con la que después se elabora el famoso Oporto, lo sabía, pero lo hermosa que es esta región no lo descubrí hasta que llegué a ella. Ya desde la carretera se abrían unas vistas que ni siquiera podía creer. Cuando por un momento olvidaba que iba sentado en un Fiat Panda de alquiler y que lo que veía eran viñedos, me sentía como en Vietnam, en la región de Sapa, donde las colinas llenas de arrozales tienen realmente un aspecto muy parecido. Solo faltan aquí esos búfalos de agua.
El primer día no llegué al valle del río Duero hasta el atardecer, así que solo me dio tiempo a hacer un par de fotos y se hizo de noche. No podía esperar al día siguiente para volver a ver esa maravilla. Pero por la mañana me desperté con un tiempo neblinoso y no parecía que hoy el sol fuera a asomar mucho. Así que desde la ciudad de Tabuaço me dirigí a otro sitio, no hacia los viñedos. En concreto, a la ciudad de Lamego, donde se encuentra la escalinata del Santuario de Nuestra Señora de los Remedios, pero de eso ya hablaremos en otra ocasión.
Por suerte el tiempo se apaciguó y por la tarde asomó el sol. Así que ¡hala, al Panda de alquiler y rápido a los viñedos! La región vinícola del Alto Duero tiene una extensión de unas 24 600 ha y la uva se cultiva aquí desde hace más de 2000 años. Desde 1756 se trata de la primera región vinícola protegida por ley. Desde 2001 figura también en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. La carretera suele serpentear junto al agua, así que pronto preferí desviarme por un camino más pequeño que subía a las colinas. Iba entre los viñedos, paraba y fotografiaba. El camino se hacía cada vez más pequeño, las colinas cada vez más empinadas. Tras un giro equivocado ya parecía que iba a tener que ir a pedir a los viticultores que me sacaran el Panda, que iba a quedarse encajado en alguna de las piedras que sobresalían del camino. En el último momento conseguí dar la vuelta al coche (aunque fue una maniobra que supuso arañar el parachoques y casi quemar el embrague) y salir del mal camino.
Pero es que el camino vecino tampoco era mucho mejor y creo que un portugués se atrevería a venir aquí solo con algún todoterreno bien potente. Pero bueno, el Fiat Panda lo aguantó todo y, aunque el camino era tan estrecho que de verdad no sé cómo me habría cruzado aquí con alguien en las colinas, al final llegué de vuelta a la carretera principal. Pero lo esencial es que por el camino hubo muchas paradas con vistas increíbles y un montón de fotos. Es cierto que el tiempo tuvo la culpa de que otra vez para toda la aventura tuviera unas 2 horas antes de que se pusiera el sol, pero fueron dos horas estupendas. La puesta de sol la contemplé desde un lugar desde donde solo se veía la carretera serpenteante, una gran bodega, el río y los viñedos en terrazas por todas partes alrededor.
Desde algunos lugares todo aquello parecía una especie de maqueta lograda. Como si ni siquiera los escenarios fueran reales. Diminutos pueblos y casitas blancas repartidas por las laderas de los viñedos, como si alguien se hubiera inventado y modelado esto por el gusto de esa vista. Por todas partes se notaba que aquí se cultiva desde hace mucho tiempo y con honradez. Los hermosos muros viejos de piedra que bordeaban las distintas parcelas y los olivos aislados no hacían más que completar la atmósfera del lugar.
Consejo 1: esta vez vinícola. Tómate un buen vino de Oporto, seguro que quedarás encantado, pero después cómprate también una botella de vino tinto clásico de esta región. Es fuerte, afrutado y con cuerpo. Tengo que decir que me enamoré de él y siempre lamento que apenas se importe a Chequia, o que sea aquí terriblemente caro. En el lugar lo compras por unos 6 EUR, y por 10 EUR ya es realmente bueno.
Consejo 2:con prudencia, aventúrate por las pequeñas carreteras que discurren por las colinas y al pie de las mismas junto al río. A veces es pura adrenalina, pero la recompensa son lugares increíbles con vistas a los alrededores.
Consejo 3:Dado lo profundo y sinuoso que es a veces el valle, plantéate (o averigua mediante una app) cuándo y desde dónde te va a dar el sol, para estar en el momento adecuado en el lado correcto del río; aquí no hay muchos puentes y pasar de un lado a otro por las pequeñas carreteras no siempre es rápido.
Equipo: aquí probablemente no tengo mucho que escribir, necesitas el equipo clásico de paisajismo, es decir, trípode, objetivo gran angular, teleobjetivo y, si no te olvidas del filtro polarizador, sin duda también le darás uso. A veces quizá vendría bien un filtro degradado ND, pero eso hoy la mayoría de vosotros probablemente lo apañéis más bien en el ordenador.






